Si lograron reponerse del susto que seguro les produjo el diseño de vestuario de la cinta, pueden leer el siguiente review.

Era yo un niño de 3er grado de primaria cuando me pidieron en una prueba escrita que explicara el significado del refrán “el que mucho abarca poco aprieta”. En ese momento fallé miserablemente con una respuesta que hablaba de alguien gordo que poco aprieta porque “nadie mas cabe en la silla” (me gusta verlo como algo anecdótico, no como un signo de irrefrenable brutalidad que daba sus primeros signos en mi niñez), pero si hoy me preguntaran lo mismo sabría que ejemplo respondería a cabalidad la interrogante.

Como asiduo lector de cómics, y entusiasta de cualquier cosa que haga Alan Moore, conocía bien la obra que el “visionario” Zach Snyder se dio a la tarea de adaptar. Si bien disfruté muchísimo su remake de Dawn of the Dead, y me encantó el ritmo de la epopeya homosexual llamada 300, hay que tener claro que una cosa es llevar al cine el escueto cómic de Frank Miller y otra pretender adaptar un Biblia de 400 páginas, repleta de conversaciones densas y con elementos que tienen gran impacto en el formato de historieta.

La cinta tiene todos los elementos necesarios: buenos efectos, las canciones de Dylan referenciadas en el libro, visuales interesantes, escenas de acción, sexo, violencia, diálogos y escenas calcadas del libro, pero finalmente falla en el “delivery”, me atrevo a decir que paradójicamente por intentar ser tan fiel a la obra original.

Una adaptación no es una recreación cuadro a cuadro de un original, por la simple razón de que hay cosas que funcionan de maravilla en un medio específico, no en todos. Tal vez Snyder debió tomar notas de lo que hizo Cronemberg con la maravillosa A History of Violence, donde más que llevar viñeta a viñeta a film, se apropió de la historia y la contó a su modo, desechando más de la mitad del libro. El terrible uso de All along the Watchtower, es el ejemplo perfecto de que por querer usar todos los elementos que están dentro del cómic, terminan quitándole la seriedad y el impacto que deberían tener.

No es coincidencia entonces que los pasajes que más disfruté en Watchmen fueron aquellos creados para el film: el intro al ritmo del comercial de perfume Veidt, la puerta giratoria del baño de la cárcel, toda la secuencia de los créditos inicial, y el final nuevo.

Al final creo que por querer complacer a los fanboys, la cinta pierde la intensidad que tiene el libro y sin ser tampoco una peli de acción, termina impregnando la sala de cine con un aroma pretencioso que explica porqué la gente se salía tanto.

Fue un buen intento, la cinta es entretenida, pero lamentablemente estaba destinada a su fracaso desde el inicio, y no precisamente porque un gordo no permita que nadie más se siente en la sala de cine.