Nunca he tenido una muñeca inflable en mi vida. Me parece un poco chimbo acostarse con un objeto inanimado, a pesar de lo conveniente que puede ser dejarla en la casa cuando te provoque, o sacarla a pasear como copiloto de carro sin que se queje de la manera como tomas las curvas de la autopista. Pero mientras uno piensa en estos seres de plástico con un orificio en la boca, en otras partes del mundo la exploración por la compañía artificial alcanza niveles tan serios como El Bosón de Higgs. Si no me creen echen un ojo.





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