Cuando entras a una sala de cine y te das cuenta que eres parte del 1 % de la audiencia que no es gay o mujer te entra una risa nerviosa. Mis motivos por ir a ver Magic Mike, aunque le generen dudas a mi novia, era por simple respeto a Steven Soderbergh y a decir verdad no fue una mala experiencia.

Soderbergh es un tipo inteligente, ha logrado crear un estilo particular dirigiendo desde blockbusters hasta proyectos casi indie, estableciéndose como un director influyente en Hollywood, pero no es un genio del cine. Con esta película logra divertir aunque siga siendo una más de su montón.

Magic Mike esta basada en la vida de Mike (Channing Tatum) un chico que se desnuda frente a mujeres calientes mientras ahorra para sus proyectos profesionales más serios. Debido al envidiable estilo de vida que significa ser un male stripper, sus planes de convertirse en un entrepreneur están en pausa desde hace unos años, hasta que Adam, el chico nuevo a quien Mike decide apadrinar, le sirve como espejo para poner su vida en perspectiva.

A pesar que la mayoría de los diálogos parecieran improvisados, el ritmo de la película nunca cae y ahí es donde Sodebergh destaca. Gracias a una buena edición y ángulos de cámara poco convencionales, convierte un guión muy básico en una película, me atrevo a decir, interesante.

Resalta Matthew McConaughey como el paterfamilias dueño del strip-club, a quien le hicieron el papel a la medida, y el protagonista Tatum, quien sorprende gracias a sus movimientos en tarima y a su actuación, logrando que la audiencia, además de mojar los asientos, logre intimar con el protagonista.

Magic Mike no pretende ser Midnight Cowboy pero no cae tan bajo como Deuce Bigalow: Male Gigolo, por lo que sin muchas aspiraciones termina siendo una película consistente que divierte.

Por @joseandresms